viernes 10 de octubre de 2008

Nueve

J: M. has pensado en un tattoo?

M: sí

J: si te tatúas J. en la cintura, por la parte sexy donde el pantalón apenas encubre, sería una grata sorpresa para este y otros J. del mundo

M: pero si me tatúo R., sería una grata sorpresa para los R. y así así

J: ¿pero eso en qué me beneficia a mí? Aún si tuviera la gran suerte de llegar a ver el tatuaje en todo su esplendor, no sería una gratísima sorpresa

M: es que J. usted siempre buscando su beneficio propio, nunca pensás en los R.

J: ¡qué me importan los R.! Dan pereza honestamente. Si hay algo peor que pensar que nunca tendré la grata sorpresa de ver ese “J.”, es pensar que un R si la tendrá. No podría vivir con ello. No, jamás ni en mil años.